Sobre “Camino”, de Javier Fesser
Hay algunos temas que son polémicamente recurrentes en la España democrática. El tema del Opus Dei es uno de ellos. De vez en cuando, por un libro que se publica, por una denuncia que se hace, por una canonización, o, como ahora, por una película, se pone de moda. Fundamentalmente, la base de esta capacidad para convertirse durante unos días, tampoco más, en tema de actualidad estriba en dos aspectos: por un lado, su supuesta condición de secta, que es, generalmente, denunciada por algunos de los que se salen de la organización, y, por otro, la presencia de algunos de sus miembros en grupos de poder o de presión político-social.
Su carácter de secta no solo lo ven sus críticos en las condiciones que impone a algunos de sus miembros, sino en un tipo de vivencia de la religiosidad cristiana que se denuncia como fanático, radical, ultraconservador, intolerante, o con otros adjetivos de similares connotaciones. De hecho, esos son los adjetivos que, por extensión, suelen aplicarle al Opus aquellos que lo critican.
La película de Javier Fesser titulada Camino (título homónimo del texto de referencia para los opusianos) pretende abordar al Opus, sobre todo, por esa segunda vertiente de las características del cristianismo que profesa. Fesser, en este sentido, plantea la película como una denuncia: toma como motivo narrativo la forma de enfrentarse a una enfermedad terminal de una niña perteneciente a una familia del Opus Dei. La película, por lo tanto, intenta ofrecer no solo el contexto espiritual en que ha crecido la niña y que ha condicionado la forma de ver la vida de esta, sino la reacción de esta y su entorno cuando la enfermedad la ataca.
No pretendo, obviamente, resumir aquí la película pero, con los datos anteriores, cualquier lector puede hacerse una cabal idea de cuál es la dirección que toma la misma: se trata de mostrar el contraste o incompatibilidad entre la realidad de la vida y el mensaje de la religión que ofrece el Opus Dei.
En mi opinión, la película es un proyecto arriesgadísimo, porque pretende llevar a la pantalla algo terriblemente complejo y sobre lo que Fesser, que no solo es el director sino también el guionista, tiene una información muy de segunda mano: ni es cristiano, ni ha pertenecido al Opus ni ha sufrido ninguna enfermedad con riesgo vital. Algún lector me dirá que los artistas se dedican, precisamente, a hablar de temas que no han vivido; cierto, pero entonces habría que preguntarse qué necesidad había de que la película anuncie en sus títulos de crédito iniciales que está basada en hechos reales; o sea, qué necesidad había de presentar la película como denuncia de algo externo a la ficción que crea, porque habiéndolo hecho, lo que Fesser ha conseguido es que la vara de medir la calidad de su película se haya situado fuera de la misma, y no donde, en principio, debería estar, en su interior. De ahí, por lo demás, que el debate sobre la película no se haya centrado en sus cualidades cinematográficas, sino en el mensaje que transmite.
Así las cosas, la película no deja de ser un ejercicio de manipulación del cristianismo y del Opus Dei. Manipulación no quiere decir mentira, quiere decir que el material que se selecciona para describir esa religiosidad opusiana y las consecuencias en la vida de la protagonista es tendencioso. Dicho de otra forma, prácticamente todo lo que se ve y se escucha en la película intenta crear la impresión de algo absurdo, de algo muy próximo a la ficción, de algo no real: lo religioso como un cuento de hadas que nada tine que ver con la vida de un ser humano.
En este punto es donde la película muestra su principal flaqueza: en el fondo, a mí me da la sensación de que lo que le pasa a Fesser es que no entiende el sentimiento religioso, y por eso es para mí constante la sensación a lo largo de la película de que cuando Fesser quiere decir “Opus”, en realidad lo que está diciendo es “religión”, “cristianismo”. Y claro, al que no es cristiano le parecerá todo muy claro, pero al cristiano le resultará asombroso que alguien ponga en duda que haya una religión que crea en Dios, en su Hijo hecho hombre, en la importancia del sacrificio de este para salvar al ser humano y, en fin, como meollo del asunto, en la existencia de una vida después de la muerte.
Fesser, ingenuo él, parece querer poner en evidencia que se pueda llegar a creer eso. Pues bueno.

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