“La Reina, ni reina ni gobierna”, pero ha tenido el valor de dar a conocer sus pensamientos en un libro escrito por Pilar Urbano
El otro día, al sentarme a comer, veía, como es mi costumbre a esa hora, la televisión mientras mi madre fregaba lo platos. Dejé de comer por un momento y atendí a lo que decía una mujer en la televisión. “La reina, ni reina ni gobierna, pero es la reina”. Esa frase me dejó boquiabierto. Entonces la misma señora continuó diciendo que la reina había reflejado sus pensamientos en el libro que había escrito ella, y que estos últimos 13 años había cambiado mucho. Yo me preguntaba en qué habría cambiado. Pero me quedé pensando también quién sería esa persona. Y cuando dijeron su nombre, Pilar Urbano, recordé que esta escritora ya había escrito hace años una biografía de Doña Sofía.
Comencé, ya con una de las dudas resueltas, a pensar en que habría cambiado la Reina. Y fue entonces cuando dijeron en este informativo, que la Reina estaba en contra del aborto y de la eutanasia y que a la unión de homosexuales no se les puede llamar “matrimonio”. Una sonrisa, en mi extrañado rostro por estas declaraciones, comenzó a aflorar de mi interior ya que esas palabras me habían tocado el corazón. No me imagine nunca que Doña Sofía pensaba como una verdadera católica. La familia Real es católica, pero no me imaginé que la Reina pensarán al igual que yo y que tantos millones de católicos. Fue una alegría comprobar que todavía quedan valientes en esta tierra de la Virgen, como Juan Pablo II dijo en su última visita a España. Es difícil declarar pensamientos en contra de lo que, por desgracia, nuestro querido gobierno quiere imponer.
Han sido muchos los que han criticado el libro y se han mostrado en contra de los pensamientos de Doña Sofía. De hecho, las asociaciones de lesbianas, gays y transexuales han enviado un comunicado a la familia Real, para que se elimine esa frase en la que su Majestad se manifiesta en contra de que la unión entre personas del mismo sexo se llame “matrimonio”. Pero quizás, la reacción que más me ha dejado perplejo ha sido la de Esteban González-Pons, uno de los tantos portavoces que tiene el PP, que ha dicho que las palabras de la Reina sobre la homosexualidad y el aborto son propias de muchas mujeres “católicas y de su edad”, y le acusó de “traicionar” a sus votantes “por arrancar un puñado de votos”. Qué vergüenza, que un partido político, y más uno de derechas que debería tener esos ideales, se muestre en contra de pensamientos de la monarquía española. Pero aplaudo que el PSOE haya pedido al PP que tome medidas contra Pons por esas declaraciones “censurando” a su Majestad. Deberían meterle un calcetín en la boca.
Pero toda comparecencia que no le guste a la gente de izquierdas, como Izquierda Unida, o a los homosexuales, pues debe ser rectificada. Y, por desgracia, así fue. Un portavoz de la Casa Real ha afirmado ayer que la Reina no dijo exactamente esas palabras y pedía perdón en nombre de la familia Real por si las palabras que la escritora ha dicho han ofendido a alguien. Vamos que se han echado para atrás. El miedo a las reacciones en contra Doña Sofía se han visto reflejadas en esa negación. Pero esta reacción que la Casa Real ha tenido me recuerda a la de Rajoy cuando dijo, a micrófono abierto, que el desfile por el día de la Hispanidad, día de la Virgen del Pilar, era un “coñazo”. Rápidamente todos en el PP intentaban camuflar algo que no era más que una opinión.
Si el ser humano es libre de expresión, ¿por qué las personas con un cierto status social o cargo jerárquico no dicen lo que opinan con toda libertad? Eso sería lo ideal. Pero el hombre, por su naturaleza, tiene miedo. ¡Qué pena! Pero, gracias a Dios, que los que no tenemos cargos de importancia o no somos “importantes” para la clase alta, podemos decir lo que pensamos sin cortarnos un pelo.
España, una grande y libre de expresión.


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