Con la COPE
Hace poco más de veinte años, Antonio Herrero iniciaba con su programa de radio El primero de la mañana una nueva etapa en la historia del periodismo español. Herrero, que apenas tenía 30 años, representó una ruptura con el periodismo adormecido heredado del franquismo y fue el primero que se enfrentó, como ciudadano libre, a todo poder político sin mayores ataduras que las de su propia conciencia. Fue tal el impacto que supuso, que, en cierto sentido, terminó por convertirse en la figura más relevante de la radio española hasta hoy mismo, por cuanto materializó en sí mismo el ideal democrático de la libertad de expresión más allá del ámbito privado.
Precisamente por lo anterior, una de las más graves de las innumerables vergüenzas acometidas durante la etapa de Felipe González fue la de intentar eliminarlo. Justo en su momento de mayor influencia pública y, al tiempo, de mayor grado de ignominia de los gobiernos socialistas, el grupo periodístico que más daño le ha hecho a la democracia en España, Prisa, se hizo aviesamente con Antena 3 y, simplemente, la hizo desaparecer. Dicho de otra forma: hizo desaparecer al medio radiofónico que en ese momento lideraba las audiencias en España para hacerle un favor político al gobierno y hacerse un favor comercial a sí mismo.
Pues bien. Justo en ese momento, apareció la COPE. Esa emisora de los obispos, ayer como hoy, apostó en aquel momento por ceder sus micrófonos a quienes en aquellos momentos representaban en España la voz crítica con un gobierno que representaba todo lo que el mensaje cristiano rechaza: básicamente, la mentira. Y ayer como hoy, aquellos mismos que acabaron con Antena 3, intentaron acabar con la COPE.
Exactamente las mismas acusaciones que nacionalistas e izquierdistas lanzaron en la década de los noventa contra la COPE, son exactamente las mismas que han estado lanzando estos últimos años contra ella, y que, finalmente, se han visto recompensadas con el miserable triunfo de poder eliminar a la COPE en dos provincias catalanas.
Este triunfo de la oligarquía política nacionalista, respaldada por el silencio de esta izquierda que tenemos que siempre que puede se pone de lado de los enemigos de la libertad, es uno de los mayores ataques que contra nuestra libertad de expresión se han producido desde el antenicidio. Si alguien se piensa que quieren cerrar la COPE porque Jiménez Losantos vulnera el honor de este o aquel político, entonces es que no se entera de nada. Quieren cerrar la COPE, simple y llanamente, porque los políticos autoritarios y antidemocráticos no admiten la crítica. Cerrar la COPE es poner un granito más de arena para que ellos puedan seguir vendiendo que esto es un oásis, que lo es gracias a ellos y que nosotros, faltaría más, debemos creerlo.
Esas dos emisoras de la COPE silenciadas en Cataluña son un oprobio para la democracia en España: porque limitan la libertad de expresión, porque censura la voz de ciudadanos libres y porque niegan a miles de ciudadanos el derecho a informarse por quien les venga en gana.
Por todo ello, hoy como ayer, hay que estar con la COPE.

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