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Archivo para 25 Noviembre 2008

“Una segunda oportunidad” ha sido el texto ganador de nuestro concurso

25 Noviembre 2008 Óscar Otero Deja un comentario

El domingo, 23, se hacía público el nombre de la ganadora del concurso. Ana CM nos envío una redacción que gustó entre el jurado y todos los redactores de Color Esperanza. Aquí os dejamos hoy, día contra la violencia de género, dicha redacción.

UNA SEGUNDA OPORTUNIDAD

Agarraba sus frágiles piernas que todavía temblaban, mientras las lágrimas se desplazaban por su rostro al son del balanceo de aquella vieja mecedora; acababa de cerrar los ojos y echar la vista atrás, pero recordar se volvía demasiado doloroso. Se sentía sola, más que nunca, y le daba miedo recordar tiempos mejores, tiempos que veía demasiado lejanos, demasiado fuera de su alcance, tiempos que simplemente eran viejos recuerdos de esos que se van para nunca más volver.

Encendió el televisor sin saber muy bien qué buscaba, con la simple idea de olvidar aquella situación que tantas veces se había sucedido en los últimos meses, aquella que le palpitaba con cada herida de su cuerpo.

AVANCE INFORMATIVO: “Detenido en Málaga tras apuñalar a su mujer”.

En ese momento sus pensamientos se congelaron, centrándose en aquella realidad que tanto le dolía, en aquella historia que sabía cómo había empezado porque estaba segura de que había sido como la suya.

Rebuscó entonces en aquel pasado que le parecía lejano sin serlo, con miedo pero con decisión. Y recordó cómo le había conocido, cómo se había ganado su corazón en apenas una semana. Era un chico poco seguro de sí mismo y aun así le ofrecía confianza, o así lo interpretaba ella. La llamaba a todas horas para saber cómo estaba y decirle que la quería, que la amaba, que sin ella nada tenía sentido, le encantaba que le ofreciese tanta atención, que estuviese tan pendiente de ella a todas horas… Sentía que estaba viviendo sumergida en un cuento de hadas, viviendo en una de esas novelas románticas que solía leer y nunca habría podido imaginar que todo aquello acabaría convirtiéndose en un infierno.

Él no había tardado en proponerle vivir juntos y ella, que sentía sobre sí misma el peso de sus treinta años y que nunca había cometido locuras, no se opuso y dejó que él se trasladase a su piso. Dejó su trabajo para atender mejor la casa, quería un hogar feliz, pero era demasiado inocente para pensar que algo así podía lograrlo sola.

Pronto él comenzó a frecuentar la taberna que se encontraba en aquella misma calle ruidosa, llegaba tarde, bebido de más y en numerosas ocasiones con ganas de sexo; ella se oponía constantemente, lo que ocasionaba una fuerte discusión que acababa con alguna paliza por parte de él. Y tras eso, por las mañanas recibía un ramo de flores, con una tarjeta en la que le pedía perdón y prometía que nunca más sucedería, y ella, pobre de ella, tomaba esas palabras con esperanza, confiando en que aquella situación se solucionaría, confiando en que él le decía la verdad.

Justo en ese momento, tras analizar lo que habían sido los últimos meses, posó su pie con firmeza en el suelo, evitando el movimiento de la mecedora, secó las lágrimas, apagó el televisor y miró el ramo de flores que reposaba en la mesa, se dio cuenta de que no quería acabar como aquella mujer de Málaga y como otras tantas, se dio cuenta de que el principio de ambas historias era el mismo, pero el final estaba en sus manos.

Podía ser feliz sin él, tenía el valor necesario a pesar de que él había intentado que ella no fuese consciente.

Podía, no tenía que sentirse más sola, era dueña de su vida, podía volver a vivir buenos recuerdos y comenzar una nueva vida.

Cogió el bolso y salió hacia comisaría comenzando así esa nueva etapa de su vida, una segunda oportunidad que había sido capaz de regalarse a sí misma porque sin duda alguna se la merecía.

(Por Óscar Otero)

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