Honduras pone a prueba a las democracias modernas
Lo que está pasando en Honduras no se entiende bien porque la reacción internacional ha sido, a partes iguales, intelectualmente perezosa e ideológicamente interesada. Los medios han reflejado esa reacción y resulta complicado entrever la auténtica realidad del asunto por debajo de tanta democratitis de tres al cuarto, típica, por cierto, de la progresía izquierdista, tan dada a la palabrería grandilocuente y tan proclive a la irresponsabilidad ética ante la sociedad.
Honduras está poniendo a prueba a las democracias modernas porque, de una forma más sutil pero con idéntico objetivo, ejemplifica de forma actualizada la forma de acceder al poder del nazismo y el fascismo. Como bien se explica en esta entrevista, no ha habido ningún golpe de estado, sino una reacción del Estado de Derecho frente una maniobra realizada desde el interior de ese mismo Estado para conseguir terminar con él. No es algo novedoso en los tiempos actuales: mucha de la comunidad internacional ya ha terminado por aceptar ese neofascismo que simboliza Hugo Chávez, al que Zelaya ha terminado por echarse en sus brazos.
O se respalda la reacción del Estado hondureño o, una vez más, las democracias de los países desarrollados serán responsables de la consolidación de un sistema de gobierno que no solo es lesivo para los países más necesitados, sino que provoca enormes perturbaciones en el orden internacional, siendo una de ellas, y quizá la más importante, la de debilitar el sentido mismo de la democracia.

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