El Nobel de literatura: el valor de un premio

Jean-Marie Le ClézioEl pasado jueves, el escritor francés Jean-Marie Le Clézio fue galardonado con el Premio Nobel de Literatura. La concesión de este premio se hace todos los años por las mismas fechas, la segunda semana de octubre, y, a pesar de la displicencia con que, a veces, es tratado en los medios culturales, lo cierto es que la expectación es enorme, aunque se intente disimular. La razón es que, a efectos de impresión popular, el Premio Nobel de Literatura es el premio que se le da al mejor escritor del mundo.

Sin embargo, es obvio que no existe nadie que incuestionablemente pueda ser calificado como el mejor escritor del mundo (aunque sí haya varios autores que destaquen por encima de los demás). De ahí que su concesión cree grandes expectativas, porque no deja de dar pie a que todo el mundo pueda hablar largo y tendido sobre ella: unos, para alabar sin restricciones una decisión que confirma lo que ya sabían sobre la calidad del autor; y otros, para criticar inmisericordemente una decisión que privilegia a un escritor sobre otros que, sin duda, se merecían mucho más el premio. De paso, unos cuantos se ponen a hacer listas de a qué grandísimos escritores a lo largo de la historia no se les ha concedido el Nobel, con el fin de poner su granito de arena para minimizar el valor del premio.

Las razones de la Academia Sueca que, siguiendo los deseos de Alfred Nobel, es quien se encarga de conceder el Nobel de Literatura, tienen siempre como criterio fundamental para decidir el premiado el que este sea quien haya producido en el campo de la literatura la obra más destacada, en la dirección ideal. Es una frase muy ambigua, porque destacada puede querer decir muchas cosas y esa dirección ideal, no digamos. Pero sea como fuere, lo cierto es que esa indicación deja a la claras que no existe intención alguna de darle el premio a un supuesto mejor escritor del mundo, con lo que criticar su concesión teniendo en mente esto último es un poco injusto.

Curiosamente, además, quienes suelen torcer el gesto porque el premio no haya recaído en su favorito, utilizan casi siempre como argumento que es imposible la objetividad: sin embargo, sí les parecería objetivo que se lo hubiesen dado a quien a ellos les gusta. Otro tanto se puede decir de cuando se refieren los escritores a quienes no se les ha dado, porque en ese caso, dejando a un lado que se olvida que el prestigio literario pocas veces es el mismo en vida del autor que años después de su muerte, se vuelve otra vez a, implícitamente, sugerir que sí existen mejores escritores del mundo.

Así las cosas, lo mejor es centrarse en la literatura y dejarse de frivolidades.

El valor del Nobel

El Premio Nobel de Literatura desempeña, habitualmente, dos grandes funciones: por un lado, y sobre todo en las dos o tres últimas décadas y dado su alcance mundial, dar a conocer internacionalmente a grandes escritores ocultos, normalmente, por pertenecer a sistemas literarios minoritarios o muy alejados culturalmente de occidente (cuyas literaturas, en general, pueden verse de pasada muy beneficiadas, aunque esto, quizá, le pase a todas menos a la inglesa y estadounidense); por otro, reconocer la trayectoria literaria de determinados escritores, bien sea por su calidad literaria, bien por su influencia o importancia histórica (Le Clézio, quizás, entraría en esta subcategoría). Puede que haya excepciones y puede que haya faltas, pero si se coge el listado de premiados, se verá que este es impresionante. Y esto es algo indudable.

Veámoslo.

Sin retroceder demasiado en el tiempo, de acuerdo con la primera función, gracias al Premio Nobel de Literatura conocemos, por ejemplo, al narrador egipcio Naguib Mahfuz, un auténtico maestro. Mahfuz es autor de numerosísimas novelas, entre ellas algunas muy conocidas como El callejón de los milagros, y otras sencillamente excepcionales como las que componen la llamada Trilogía del Cairo (Entre dos palacios, Palacio del deseo y La azucarera). Mahfuz refleja en su literatura los enormes cambios culturales y sociales sufridos por Egipto a lo largo del siglo pasado, exponiendo las inevitables tensiones entre tradición y modernidad. También, gracias al Nobel, llegamos a conocer en profundidad al excepcional novelista sudafricano John Maxwell Coetzee, autor de un conjunto de novelas muy incisivas sobre los grandes problemas existenciales, prestando también una gran atención a la difícil situación social de su país. Por su parte, el húngaro Imre Kertész, superviviente de los campos de concentración nazis, es autor, entre otras, de Sin destino, precioso testimonio semi-autobiográfico de un adolescente frente al nazismo y sus consecuencias. Igualmente, al concedérsele el premio a los escritores Gao Xingjian, chino, y Kenzaburō Ōe, japonés, la Academia permitió a occidente el poder considerar a esos países más allá de las visiones tan tradicionales y folclóricas que son habituales al tratar de ellos e, incluso, en el caso de Xingjian el premio tuvo un claro valor reivindicativo, pues este se encuentra exiliado de su país por razones políticas.

Pero, incluso, echando la vista más atrás, el Nobel ya había desempeñado antes esta misma función: valgan como ejemplos los nombres del noruego Knut Hamsun (aún semidesconocido, pero elogiado en muchas ocasiones como uno de los escritores más influyentes del siglo XX) o del yugoslavo Ivo Andrić (brillante cronista de una parte de la dificilísima historia de su pueblo).

Y si por este lado el Nobel ha rendido servicios impagables a la literatura, por el otro, que no deja de ser menos interesante y más convencional, el premio sueco ha dejado constancia de que, si bien no siempre, ha sabido dar en el clavo a la hora de reconocer a los más grandes creadores literarios de los últimos cien años. La nómina no precisa de mayores comentarios, pero resulta difícil no reconocer que un Premio que se le ha concedido, entre otros, a Rudyard Kipling, Yeats, Thomas Mann, T. S. Eliot, William Faulkner, Juan Ramón Jiménez, Samuel Beckett, Pablo Neruda, García Márquez, Octavio PazJosé Saramago, es un gran Premio.

Discutir, por tanto, sobre los premios literarios es siempre una tarea condenada a no tener fin. Los premios los conceden personas con sus gustos e intereses y, por lo tanto, cualquier recriminación a las mismas por una supuesta falta de objetividad está de más. Lo mejor, como siempre que se habla de literatura, es acercarse a una biblioteca o a una librería para hacernos con alguna obra del premiado y, a partir de ahí, entrar en un sano diálogo crítico con ella, con su autor y con sus respectivos defensores y detractores.

2 comentarios en “El Nobel de literatura: el valor de un premio

  1. Me gusta mucho el artículo, y como dijo ya Nicolás en el comentario anterior me has facilitado alguna información de la que no tenía conocimiento.
    Decir también que si las personas encargadas de la elección de la persona a la que se le otorgará el Premio Nobel de Literatura están ahí es por algo, ya que poseen mayores conocimientos sobre el tema que cualquier persona que considere injusta la elección porque su favorito no haya sido el galardonado. Ahí quienes no están siendo objetivos son ellos (las personas que recriminan a los que eligen quién recibirá el premio) ya que sólo se centran en sus favoritos.
    Un saludo
    Óscar

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