Pornografía: límites en libertad

El pasado miércoles apareció en todos los medios la noticia de que, en Madrid, una empresa de gestión de publicidad había censurado el cartel promocional de la película Diario de una ninfómana. En dicho cartel, se ve la imagen frontal del cuerpo de una mujer entre el ombligo y las rodillas, y cómo una de sus manos se introduce extendida, más o menos hasta los nudillos, por el interior y la parte delantera de la braga que lleva. Las razones de la agencia han sido imprecisas, pero visto cómo ha quedado el cartel después del retoque, esta claro que se ha considerado el cartel como pornográfico y, por lo tanto, no apto para su exhibición pública. Varias voces, críticamente, han calificado dicha actuación como censura.

Me propongo en este artículo justificar esa censura y, por lo tanto, justificar la existencia de la censura en aquellos casos en los que se atente públicamente contra el decoro de los ciudadanos.

Aproximándose a la pornografía

Tanto la palabra pornografía como la palabra censura presentan socialmente unos significados muy inestables, pues actúan sobre ellos distintos matices connotativos. En muchas ocasiones, de hecho, parece como si cualquier atisbo de desnudo pudiera ser calificado como pornográfico y cualquier prohibición como censura. Y al contrario: como sin nada pudiese ser considerado pornográfico o censurable.

Pues bien, ni una cosa ni la otra.

Vayamos, en primer lugar, al significado oficial de pornografía. Dice el diccionario que la pornografía es o bien la presentación abierta y cruda del sexo que busca producir excitación, o bien el espectáculo, texto o producto audiovisual que utiliza la pornografía. La primera definición, que es la que interesa, establece para la pornografía un vínculo indisociable entre representar sexo (y aquí se entiende que es tanto la acción como la descripción) y su intención excitadora.

Este segundo aspecto es, claramente, el meollo del asunto, pues parece, antes que nada, una apostilla para sugerir, siquiera indirectamente, la condena moral que merece la pornografía. Que la pornografía suela tener como consecuencia la excitación del espectador no es lo mismo que decir que la pornografía busque esa excitación. La distancia que hay entre buscar y conseguir es la que hay entre responsabilizar o no a alguien de una actividad delictiva o inmoral, que es la habitual consideración histórica de la pornografía. Dicho de otra forma, la pregunta más justa que habría que contestar con la pornografía no es para qué, sino por qué existe o en qué consiste; solo así es posible abordarla sin prejuicios y solo así es posible olvidarse tanto de quién la produce como de quién la consume, en el sentido de que evita enjuiciar sus intenciones.

Parto, pues, del respeto a la libertad de quien hace pornografía y de quien la consume. Y parto de que toda persona involucrada en ella está libremente involucrada.

Aceptadas estas premisas, la imposibilidad de una intervención política al respecto se hace inviable. Sin embargo, no solo lo político tiene incidencia en las cuestiones ciudadanas. En este sentido, hay, al menos, tres enfoques de la pornografía que se presentan como justificadoras de la limitación de su presencia no solo privada sino también pública.

Cuestionamiento de la pornografía

En primer lugar, el enfoque moral-religioso. Para el catolicismo (sigo aquí el Catecismo de la Iglesia Católica) la pornografía es un peligro que acecha especialmente a las familias, y que es equiparable a las drogas o el alcohol. Esta consideración deviene del uso que la pornografía hace de la sexualidad, un uso puramente materialista que la desnaturaliza por completo al obviar su finalidad: la consumación de una relación afectiva encaminada a la procreación. Ni que decir tiene que quienes la practican y la consumen participan de esta falta grave, pues hacen del sexo y de sus cuerpos meros objetos.

Está claro que, en su parte descriptiva, esta visión es incuestionable. Tanto, que un determinado enfoque feminista comparte parte de su argumentación.

Así, en segundo lugar, tenemos una corriente feminista que llega a compartir el corolario del catolicismo al respecto: “Las autoridades civiles deben impedir la producción y la distribución de material pornográfico.”.

Obviamente, el por qué del deseo de esta prohibición, o censura, no es moral, como en el caso del catolicismo, sino que en su caso se trata de una razón de tipo social: estas feministas consideran que la producción y consumo de la pornografía afecta directamente a las mujeres, en tanto que ofrece una visión de las mismas cosificada y, consecuentemente, ayuda a mantener una relación de sumisión respecto del hombre.

El problema de estas consideraciones es que eluden la libertad de las personas. Por un lado, el catolicismo, con peticiones como esa de una explícita intervención del poder político en la pornografía, se olvida de que su moral no es universal, y que puede haber personas que consideren la sexualidad como un juego, sin mayor finalidad que el placer físico. Por otro lado, la consideración de que la pornografía sitúa a la mujer en una posición dependiente del hombre plantea un problema similar: dejando a un lado que es discutible que eso, generalizando, sea así, la cuestión es si algo que es aceptado libremente por las mujeres puede ser prohibido por otras arrogándose unos derechos parternalistas que una sociedad libre no puede, bajo ningún concepto, otorgarles.

Existe, sin embargo, una tercera consideración de la pornografía que es, a mi modo de ver, la única que tiene jusitificación como norma social.

La pornografía es problemática porque afecta a un consenso social, el decoro, que no solo es históricamente inestable, sino que sincrónicamente también lo es. Pero lo que es peor es que, en tanto que consenso, no admite en absoluto su codificación, pues el llevarla a cabo resulta en una inevitable distorsión del mismo. Y, sin embargo, existe. Me explico.

La desnudez del cuerpo humano es, al menos en occidente, uno de los tabúes más arraigados. Ha formado y forma parte del consenso social el que un cuerpo desnudo atenta contra las normas del decoro cuando su exposición se hace en lugares públicos. No es necesario decir qué ocurre si además del cuerpo desnudo lo que se hace público es una relación o actividad sexual.

La pornografía incluye esos dos elementos: desnudez y actividad sexual.

Es evidente que la tolerancia al desnudo es mucho mayor hoy en día que antes: muchas películas lo incluyen, sin que, además, sean calificadas ni de eróticas ni de pornográficas. Y es también evidente que la tolerancia a la representación de la actividad sexual se ha desarrollado enormemente.

Sin embargo, los espacios de la sexualidad siguen siendo privados. Y lo siguen siendo, porque, si lo pensamos, solo se acepta la sexualidad pública explícita en contextos donde esta se presenta ya no solo justificada como parte de algo dentro del cual tiene sentido, sino en contextos a los que uno acceda de forma deliberada. Dicho de otra forma, la pornografía solo es aceptable socialmente si somos nosotros los que invadimos su intimidad, y no al revés: una película, una obra literaria, un cuadro…

Es por esta razón por lo que es justificable que ese cartel al que me refería al principio haya sido censurado. Esa imagen de una masturbación se le ha impuesto a las personas sin su consentimiento; ha invadido la intimidad de aquellos que, paseando por una calle, se han visto sorprendidos por una imagen que, por convención social, pertenece al ámbito de lo íntimo, de aquello que solo aceptamos para nosotros y consumido por nosotros en la intimidad. No es, pues, una censura moral, sino una censura que defiende la libertad de la ciudadanía, que tiene derecho a que no se violente un código no escrito pero que, sin embargo, existe implícitamente.

El respeto como base social

La importancia de estas convenciones sociales no escritas es esencial, y, en mi opinión, su respeto constituye un rasgo inherente a la democracia, pues nos afecta a todos en tanto que pone a prueba nuestro verdadero respeto por los demás. A aquel artista que pretendió que un cartelón enorme anunciase su obra de teatro titulada Me cago en Dios, habría que haberle preguntado si hubiese aceptado con tanta liberalidad como pretendía que se aceptase su título, si alguien hubiese escrito otra obra anunciándola también a bombo y platillo con el título de Me cago en la puta madre de ese artista llamado fulanito. Entonces, seguro que no hablaría de censura sino de falta de respeto

Pues eso. Que la pornografía está muy bien y todo eso, pero déjenme que sea yo quien decida acercarme o no a ella, porque no necesito que, con la excusa de darme lecciones de libertad, venga nadie a darme lecciones de moral.

6 comentarios en “Pornografía: límites en libertad

  1. Tienes una noticia en exclusiva en mi blog, espero que sea de tu interés.

    Un abrazo.

    Te recomiendo te des de alta en la plataforma stoporno. http://stoporno.blogspot.com, también están en facebook.

    Un saludo, magnifico blog, volvere, seguro.

  2. Agregado estás compañero!!

    Un abrazo

  3. Cierto, es un asunto feo, pegajoso como la pez… pero que es preciso denunciar por la dignidad, sobre todo de la mujer, que es “habitualmente” el objeto de la venta.

    Estás en Libros y Comentarios: http://librosyeventos.blogspot.com/

    del “Colectivo Cartapacio”

  4. Es cierto, aunque a mi me parecen bastante mas obscenos los carteles de las películas SawII (dos dedos cortados), SawIII (Un brazo cortado) o SawIV (una cabeza cortada sobre una báscula)… sin embargo nadie protege mi dignidad de encontrarme con esos carteles por la calle.

    Sunpongo que para algunos es mucho mejor algo que representa dolor y sufrimiento que algo que representa placer.

  5. pues si, lo de las cabezas cortadas, sangre, dolor y sufrimiento es otra realidad, la verdad yo no considero que sea malo para las personas que lo saben razonar… pero los niños del mañana creceran con ideas extrañas, el echo de que permitan eso en las calles… creo q prefieren a que maten personas a adquirir enfermedades .

  6. El problema es que partes de presupuestos falsos, asi el resultado siempre sera erroneo; Me explico: “Parto, pues, del respeto a la libertad de quien hace pornografía y de quien la consume. Y parto de que toda persona involucrada en ella está libremente involucrada.”; Estas afirmaciones son totalmente erroneas por varios motivos, de los cuales cito solo algunos:
    1º.- Segun diversos estudios, la pornografia contiene un alto porcentaje de coacción, muchas mujeres son obligadas a realizar fotos y peliculas para poder subsistir, ya sea por coacciónes o por dificultades economicas; es mas, esto tambien sucede en la actualidad ya con niños, de lo cual existen pruebas.
    2.- Tambien segun diversos estudios psicologicos, la pornografia produce una “alta” adicción, de tal modo que se convierte para la mayoria de los consumidores en enfermiza, (no pueden dejar de consumirla, se convierten como minimo en esclavos del nivel de las drogas blandas, e incluso si se abusa de ello, superior, pues cada vez solicitan mayor grado de degeneración en las imagenes.
    3.- Las personas involucradas en la pornografia (supongo que se referira a periodistas y empresarios de la comunicación), no son tampoco libres; Para muestra le pondre un boton: un conocidisimo periodista de esos que hacen campañas contra la pedofilia, al ser solicitado para apoyar la campaña de Stop-porno, nos contesto: Hace algunos años cuando llegue a mi periodico le indique a los redactores de hacer una campaña como la que ahora estais haciendo, pero me contestaron que me lo quitara de la cabeza que los anuncios de prostitución y la pornografia suponian para el medio mas de 90.000.000.- pts.
    ¿Libres?
    En este mundo nadie, absolutamente nadie es del todo libre, unos por necesidad, otros por adicción y otros por negocio, pero la pornografia es una realidad tan profundamente destructiva que su naturaleza es contraria a cualquier tipo de libertad; Por ello, entiendo que por desconocimiento trata asi el tema, y por ello, el resto de sus planteamientos son simplemente erroneos.
    Un saludo.
    Para cualquier información sobre el tema: http://stoporno.blogspot.com/
    o peo email a:
    Andrés Marín de Pedro.
    Coordinador de la plataforma Stop-porno.

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