Obama

412px-barackobama2005portraitEl hombre del año es, sin duda, Barack Obama. Con todo, es probable que las expectativas políticas que se han creado con su elección como Presidente de los EEUU hayan sido desorbitadas por los medios de izquierdas, más deseosos de arrimar el ascua a su sardina (gana Obama, gana la izquierda) que interesados en ofrecer a sus lectores, oyentes y espectadores un análisis serio y completo tanto del personaje, como de la realidad política estadounidense: ni Obama es Zapatero, ni Estados Unidos es España; y tampoco Rajoy es McCain, ni Bush es la calamidad que se nos quiere vender. El ciudadano ilustrado siempre quiere dárselas de crítico y de ajeno a la superficialidad, pero cuando le tocan el alma política, sigue siendo de un sectarismo (de uno y otro lado) realmente desalentador.

Pero si bien es cierto que Obama no ha hecho políticamente nada todavía (exceptuando, cosa que para muchos es más que suficiente, echar de la Casa Blanca a los Republicanos), histórica y socialmente su elección tiene, realmente, unos contornos que la aproximan mucho a lo que es la vivencia de un sueño.

Que un negro sea Presidente de los Estados Unidos es un hecho que desborda el ámbito de lo político y se adentra, impetuosamente, en el panteón de los momentos estelares de la humanidad. Y lo hace porque, en sí mismo, ejemplifica, no simboliza, un avance de la civilización, de lo humano.

La historia de la humanidad demuestra que el ser humano siempre está por encima de esa humanidad a la que pertenece. Colectivamente, nuestra trayectoria es desalentadora. Individualmente, podemos encontrar miles de ejemplos de excelencia, de hombres y mujeres que solo vivieron y viven para ayudar a los demás.

Lo importante de Obama no es lo que él haya hecho, sino lo que él significa de triunfo, en la buena dirección, de la colectividad. El racismo no desaparece con Obama, pero se recluye definitivamente en las cloacas de la sociedad: el marginado ya no es el negro, sino el que margina al negro. Hay que valorar en toda su importancia el trayecto recorrido por la sociedad estadounidense, pero no solo por ellos, sino por nosotros: su victoria demuestra que la humanidad puede mejorar, que puede dirigir sus pasos hacia una sociedad más justa e igualitaria.

Es bueno, entonces, recordar a los hombres y mujeres que, incansablemente, infatigablemente, admirablemente, ponen su vida al servicio de los demás con la esperanza de dirigir a la humanidad hacia las playas de la justicia y la bondad. En sí mismos, llevan el espíritu que quiso transmitir Jesús: son sembradores de granos de mostaza.

A uno de esos hombres, resulta imposible no recordarlo estos días: Martin Luther King. Y la mejor manera, conociéndolo por sus hechos y palabras. Al lector interesado, le recomiendo este documental (dividido en seis partes) y la escucha atenta de su famoso discurso “I Have A Dream”. El video es el que aquí mismo se puede ver, y puede ser seguido con su transcripción en inglés y su traducción al español. Merece la pena.

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