Crucifijos

crucifijo1Hace una semana, una sentencia del Juzgado de lo Contencioso Administrativo número 2 de Valladolid ordenaba la retirada de un crucifijo del colegio público Macías Picavea en pro de la aconfesionalidad y neutralidad del Estado. El impulsor del proceso judicial que se ha resuelto de esa manera, Fernando Pastor, declaró al respecto que esta era la primera vez en España que un juez entraba en el fondo del asunto dando la razón a la libertad de conciencia y a la higiene democrática. Abundando en la misma línea, la sentencia apela a que el Estado se prohíbe a sí mismo cualquier concurrencia, junto a los ciudadanos, en calidad de sujeto de actos o actitudes de signo religioso y que el Estado no puede adherirse ni prestar respaldo a ningún credo religioso, ya que no debe existir confusión alguna entre los fines religiosos y los fines estatales; esto es, que nadie puede sentir que, por motivos religiosos, el Estado le es más o menos próximo que a sus conciudadanos, y en este caso la presencia de crucifijos en la escuela provoca el sentimiento de que el Estado está más cercano a la confesión católica.

Lo primero que a uno se le viene a la cabeza, una vez oídas las muestras de satisfacción de los promotores y respaldadores de esa sentencia, es la pregunta de por qué si algo es tan evidentemente anticonstitucional, la justicia no había actuado antes. O sea, por qué ahora, y no hace 20 años, por ejemplo.

En segundo lugar, también a uno le da qué pensar como es que algo, al parecer, tan profundamente agresivo para muchos ciudadanos, tenga que haber esperado por la acción individual y esporádica de una persona para poder corregirse.

Por último, es también motivo de reflexión que esa persona que ha iniciado el proceso judicial del que hablamos no sea un padre cualquiera, quiero decir, un padre más, mondo y lirondo, sino el portavoz de una asociación llamada Asociación Cultural Escuela Laica.

Las respuestas a estos tres interrogantes van todas en la misma dirección: la petición de retirar los crucifijos que aún quedan de los centros públicos españoles no tiene nada que ver ni con la Constitución, ni con la libertad de conciencia, ni con la democracia, ni con la neutralidad y aconfesionalidad del Estado.

Con lo que tiene que ver es con una absurda invectiva contra el catolicismo que algunos intentan utilizar como cabeza de turco para ajustar cuentas con el pasado y para justificar determinados males de nuestro tiempo que no son capaces de resolver en el presente.

La existencia de un crucifijo en una clase de un colegio no atenta contra la aconfesionalidad del estado, por la sencilla razón de que hoy en día no puede significar en modo alguno que la orientación pedagógica de dicho centro sea católica. Y dado que eso es así, pedir explícitamente su retirada no es más que una agresión explícita contra una religión, a la que se intenta presentar como negativa o dañina socialmente, eludiendo de forma soberbia y prepotente la posibilidad de que quienes hacen uso de esa aula pudiesen mostrarse interesados en mantener como parte de la misma ese crucifijo.

En este sentido, la libertad de conciencia no se ve limitada porque yo vea en un espacio público un signo de la conciencia de los demás. La libertad de conciencia se ve limitada cuando, precisamente, no me dejan sentirme acompañado, tanto en mi vida privada como pública, de elementos culturales que considero esenciales para identificarme como persona. Decir que un crucifijo en el aula de un centro de enseñanza ataca la libertad de conciencia de los no católicos es decir que la conciencia se ve atacada cuando accede a la contemplación o visión de elementos que no le gustan o que portan una serie de ideas, posiciones o ideología que no son mías. O sea, un disparate. O sea: fascismo, nazismo, comunismo… Dicho de otra forma, lo que realmente se buscar es connotar sibilinamente de un carácter perjudicial, negativo o pernicioso al cristianismo.

La higiene democrática es, pues, no agredir a lo católicos que se sienten acompañados de un crucifijo en sus tareas cotidianas, privadas o públicas, ordenando la retirada de estos con la excusa de que su presencia agrede a los que no son católicos.

Para quien quiera ver con claridad las motivaciones profundas de estas disparatadas iniciativas anti-católicas, le recomiendo encarecidamente la lectura de esta carta al director, auténtica obra maestra de la estulticia intelectual que anega nuestro país en la actualidad y que, como no podría ser de otra manera, el diario El País publicita a todo trapo en la mismísima portada de su edición digital del 2 de diciembre.

4 comentarios en “Crucifijos

  1. Aunque no dejan de ser cortinas de humo para desviar la mirada sobre la crisis que nos viene, no deja de ser reiterativo el ataque a los católicos desde todos los frentes. Nuestra posición ante esta ofensiva, debe ser firme y contundente, sacando nuestros símbolos a relucir sin complejos y hablando sin miedos de nuestra fé con todo aquel que nos encontremos. Y por supuesto, alimentados de la gracia que nos dá la oración y la presencia constante de Aquel que tiene la Victoria final asegurada.
    Excelente post. Un cordial saludo.

  2. Me parece bien que retiren la simbologia religiosa en un centro laico

  3. Pues te digo que por algún sitio habrá que empezar. Además que otra simbología tienes tu en tus aulas, porque yo ninguna…

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