El sanador de caballos

el sanador de caballos-gonzalo giner-9788484607441Aprovechando que estuve una semana entera haciendo un curso en tierras catalanas me dediqué por las noches a leer un obra que cautivó mi atención desde el primer momento que la vi: El sanador de caballos, de Gonzalo Giner. Esta obra se divide en cinco partes, cinco momentos en los que el protagonista correrá una nueva aventura.

Esta novela se desliza entre el ámbito histórico y el romántico, sin olvidarse de la búsqueda que el protagonista hace a lo largo de toda la obra.

Se desarrolla en plena reconquista, entre los siglos XII y XIII, de las tierras de Al-Andalus, cuando los reinos eran tres: Castilla, Aragón y Navarra, con las distintas disputas que mantenían entre ambos por los teje maneje de la época. De echo, uno de los momentos clave de la obra es la batalla de las Navas de Tolosa, conflicto con el que concluye la obra. La época histórica en que se sitúa la novela juega un papel muy importante tanto en el vocabulario empleado en la obra como en los diversos oficios y personajes que dan vida a la escena.

Sin duda que el ‘amor’ juega un papel determinante en la obra, ya que el amor de Diego, el protagonista, hacia su familia será el hilo conductor de toda la obra; también cuando se enamora de distintas mujeres esto provocará una u otras reacciones tanto en él como en la amada.

Batalla de las Navas de Tolosa

Aunque sin lugar a duda la pasión que Diego lleva dentro será lo que lo salve de tantos momentos: los caballos. Y es que desde pequeño ha sabido entenderse con los caballos de una forma que sólo él sabe. Eso hará que termine por ser un ‘veterinario’ de la época, ganándose el pan de esa manera.

Esta es una novela de 798 páginas que, sin duda, despertará en el lector un deseo de querer llegar al final y descubrir cómo terminará esta historia.

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Del Papa, el preservativo y el catolicismo

Hace ya más de un año, publicamos aquí mismo una entrada sobre el asunto del preservativo y el catolicismo. Las declaraciones del Papa al periodista Peter Seewald en el sentido de que el uso del preservativo es lógico en aquellos casos donde el riesgo para la salud es evidente, corroboran nuestra impresión de entonces: aunque parezca lo contrario, sobre todo por la reacción de los medios, eso ya se daba por descontado en la postura de la Iglesia católica al respecto, más que nada porque no había otra postura posible.

Así, pues, nada ha cambiado en lo esencial: el discurso del catolicismo sigue siendo un discurso moral; no político, no social. Efectivamente: de lo que se desprende de los adelantos que la prensa está ofreciendo al respecto, el Papa estaría hablando de la prostitución (el comportamiento sexual más amoral de cuantos puede haber) y, en ese contexto, habría apuntado que el uso del preservativo es una cuestión de respeto básico por la vida de los demás. No hay aquí, por tanto, una tolerancia moral con el condón, sino el reconocimiento de una evidencia. Una vez más, y frente al desabarre de algunos, hay que recordar que el Papa no está para respaldar políticas o ideologías sociales, sino para hablar de moral. Si alguien espera que el catolicismo aplauda una sexualidad cosificada por la vía de cantar las excelencias del preservativo como medio para combatir el sida, puede esperar sentado.

El problema para el catolicismo no es el sida. No lo es, no porque su reino no sea de este mundo, sino porque la Iglesia católica no es la OMS. Esto es algo que hay muchas personas que no terminan de entender, pero que es el meollo del asunto: ¿por qué se le exige a la Iglesia católica que se inmiscuya en métodos profilácticos y nunca se le sugiere a la OMS que fomente un poquito más una sexualidad responsable o cosas así…? Es el espanto moral, humano, de la prostitución lo que preocupa al catolicismo. Es este tipo de cosas las que con su mensaje debe combatir la Iglesia. ¿O es que ahora va a resultar que porque el Papa diga la obviedad de que el condón evita el contagio del sida entre dos personas eso va a significar que la prostitución está bien…? ¿Exagero?…

[Por cierto, una recomendación: el Cardenal Ratzinger publicó hace ya muchos años un libro de conversaciones con el mismo periodista al que ha hecho esas declaraciones, Peter Seewald, titulado Dios y el mundo. No conozco otro libro más útil y más claro para conocer y entender el mensaje cristiano del catolicismo.]

Con Roberto Blanco Valdés

Esta entrada es una muestra de afecto para el columnista y profesor Roberto Blanco Valdés, víctima de la violencia del nacionalismo radical gallego.

Los nacionalistas, tan amigos de la libertad, generan siempre un detritus en toda comunidad donde se hallan que extremiza sus ideas y las recuerda por vía de la violencia. En Galicia, de cuando en cuando, algunos niños de papá, de cerebro lavado y sentidos obturados, dan la campanada poniendo bombitas que terminan con ellos en la cárcel y con el malestar en la gente por lo que su idiotez hubiese podido provocar.

Esta gente le tiene una especialísima manía a aquellos que no piensan como ellos y pueden expresarlo libremente en los medios de comunicación. La manía empieza con los propios medios, a los que detestan por permitir otras voces que no sean las suyas; y luego termina, como siempre, en las personas.

Roberto Blanco Valdés ha sido objeto de un atentado terrorista por parte de esos fanáticos. La razón de esa inquina es un artículo como este. La distancia entre un hecho y el otro es la exacta medida de la sinrazón de esa gente.

Cruzando la Puerta Santa de la Catedral de Santiago de Compostela

Como todo el mundo debería saber, 2010 es Año Santo Jacobeo. Entre otras cosas, uno puede ganar el jubileo y, dado que para ello hay que entrar en la Catedral de Santiago, nada mejor que hacerlo a través de la Puerta Santa o Puerta del Perdón. Aunque sea virtualmente, y para animar a todo el mundo a que vaya a Santiago, aquí os dejamos un vídeo grabado el día 1 de enero de  este año donde se ve el ambientillo que ya hay y el momento en que se cruza la Puerta.

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Plácido Domingo, un orgullo

Leyendo sobre un éxito más de Plácido Domingo por el mundo adelante, me he parado a pensar durante un rato en si España es consciente de su excepcional categoría artística y en si la reconoce como debería. Es probable que sí, sin duda aquí se quiere y admira a Plácido Domingo, pero no está de más que, de vez en cuando, nos acordemos de él y sintamos cierto orgullo porque un español esté en lo más alto de una expresión artística tan difícil y complicada como la ópera y el canto en general. Y más allá de eso, felicitémosle por ser poseedor de un talento tan extraordinario y agradezcámosle que nos haga pasar tan buenos y especiales momentos escuchando sus interpretaciones. Por ejemplo, en este video que he encontrado, donde Domingo se acerca a la maravillosa música popular española y el resultado, como no podía ser de otro modo, es emocionante y artísticamente memorable.

Sobre las Fuerzas Armadas (con una posdata sobre Miret Magdalena)

El Artículo 8 de la vigente Constitución Española dice que Las Fuerzas Armadas, constituidas por el Ejército de Tierra, la Armada y el Ejército del Aire, tienen como misión garantizar la soberanía e independencia de España, defender su integridad territorial y el ordenamiento constitucional.

Consecuentemente, el respeto por nuestro Ejército es sinónimo de respeto por España. Y es una obligación y responsabilidad cívica exigir el mejor de los tratos y las mejores condiciones de vida posibles para aquellos que, libremente, han decidido poner sus vidas al servicio del bien común. Recordemos que, en un Estado democrático, las Fuerzas Armadas son fuerzas defensivas, no ofensivas: el ejército no está para agredir, está no sólo para evitar que nos agredan, sino para evitar que, dada esa circunstancia, quienes hayan de mancharse de sangre las manos sean los ciudadanos de a pie. Evitemos las proclamas pacifistas de opereta progre como opuestas a las Fuerzas Armadas: son parte de nosotros, la parte de nosotros que garantiza nuestra vida en paz.

(P.S.: ha muerto Enrique Miret Magdalena. Solo una persona capaz de definirse como católico agnóstico ha podido tener tantísimo espacio para publicitar sus simplezas de supuesto heterodoxo en el diario El país. De él, quedará eso.)

Obama y el Nobel de la Paz

La concesión del Premio Nobel de la Paz a Barack Obama no solo es un error porque no se lo merezca, sino porque es una afrenta a los cientos de miles de personas que, literalmente, se dejan la vida diariamente por conseguir, precisamente, esa paz. Si fuese de verdad consciente de lo poco edificante que es, de cara a la consecución de un mundo mejor, un galardón tan mal concedido, lo más importante que podría llegar a hacer el Presidente de los Estados Unidos a lo largo de todo su mandato como tal, es rechazar el premio. Porque de esa forma le regalaría el apoyo moral más valioso posible a todas esas personas a las que, aun sin verlas ni sentirlas, les debemos los esfuerzos más valerosos y constantes por un mundo más justo, más libre y más en paz.